El malestar del aire acondicionado no es por el frío
El malestar del aire acondicionado no viene del frío: filtros, ventilación y deshidratación pesan mas. Qué dice la normativa española y cuándo consultar.

Pasas la tarde en una oficina o un coche con el aire acondicionado fuerte y sales con dolor de cabeza, la garganta seca y un cansancio que no cuadra con lo que has hecho. La conclusión automática es que ha sido el frío. Pero el frío no transmite infecciones, y en España existe normativa que fija con bastante precisión qué condiciones ambientales debe tener un espacio de trabajo cerrado. Repasamos qué dice esa normativa, qué explica realmente el malestar y en qué momento conviene consultar.
El resfriado lo causan virus, no el aire frío
Los catarros y las infecciones respiratorias las provocan virus que infectan la mucosa de nariz y garganta. Lo que sí hace una sala climatizada y mal ventilada es mantener a más personas durante más tiempo respirando el mismo aire y resecar las mucosas, y ese cuadro se parece mucho a un resfriado. La distinción no es cosmética: si el problema fuera el frío bastaría con subir el termostato, mientras que las medidas que de verdad funcionan tienen que ver con el filtro, la renovación del aire y la hidratación.
Lo que fija la normativa española
El Real Decreto 486/1997 sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo establece en su Anexo III valores concretos para los locales cerrados. La temperatura en los locales donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas debe estar entre 17 y 27 °C, y entre 14 y 25 °C en los de trabajos ligeros. La humedad relativa debe mantenerse entre el 30 y el 70 %. La renovación mínima del aire es de 30 metros cúbicos de aire limpio por hora y trabajador en trabajos sedentarios en ambientes no calurosos ni contaminados por humo de tabaco, y de 50 metros cúbicos por hora y trabajador en el resto de casos.
La corriente de aire tiene un límite legal
El mismo anexo aborda algo que rara vez se menciona: el chorro de aire dirigido al cuerpo. Los trabajadores no deben estar expuestos de forma frecuente o continuada a corrientes de aire cuya velocidad exceda de 0,25 metros por segundo en ambientes no calurosos, 0,5 metros por segundo en trabajos sedentarios en ambientes calurosos y 0,75 metros por segundo en trabajos no sedentarios en ambientes calurosos. Si notas el chorro directamente sobre el cuello o la espalda durante horas, no es una manía: es exactamente el tipo de exposición que la norma limita. Redirigir las lamas hacia el techo suele resolverlo sin tocar la temperatura.
Filtros, condensación y moho
Al enfriar, el equipo genera condensación sobre las superficies frías. Si esa humedad se queda con el polvo acumulado en el filtro, se crean las condiciones en las que proliferan mohos y bacterias, y en cada arranque parte de eso vuelve a la sala. Las directrices de la Organización Mundial de la Salud sobre humedad y moho en interiores recogen que quienes viven o trabajan en ambientes húmedos o con moho presentan con más frecuencia síntomas respiratorios y asmáticos. Un olor a cerrado al encender el aparato, polvo visible en las rejillas o menos capacidad de enfriamiento con el mismo ajuste son señales de que el filtro toca ya. Para los intervalos, la referencia es el manual de tu equipo.
Enfriar no es renovar
Un climatizador enfría el aire que hay, no lo sustituye por aire exterior. Con las ventanas cerradas se acumulan el CO2 de la propia respiración y todo lo que el filtro no retiene, y aparecen la sensación de aire cargado, la somnolencia y la dificultad para concentrarse. Por eso la normativa de trabajo habla de metros cúbicos de aire limpio por hora y trabajador, y no solo de temperatura. En casa, abrir del todo una ventana unos minutos renueva el aire mucho mejor que dejarla entreabierta toda la tarde, y conviene hacerlo a primera hora de la mañana y por la noche, cuando fuera está más fresco.
La causa que más se pasa por alto
El dolor de cabeza y el mareo tras un día de calor se achacan al aire acondicionado cuando muchas veces son deshidratación. En una sala fresca se percibe menos el calor y se bebe menos, aunque la necesidad de líquido no baje. Las personas más vulnerables al calor son los mayores, los niños pequeños, las embarazadas y quienes conviven con enfermedades crónicas cardiovasculares, respiratorias o metabólicas.
Si tomas medicación
Algunos tratamientos influyen en el equilibrio de líquidos y en la termorregulación, pero eso no es motivo para modificarlos. No suspendas nunca por tu cuenta un medicamento recetado ni cambies la dosis sin hablar antes con tu médico o farmacéutico; durante una ola de calor puede ser peligroso. Consúltalo en tu centro de salud.
Qué hacer, en concreto
- Aparta el chorro de aire — Orienta las lamas hacia arriba en lugar de hacia las personas y evita la exposición continuada.
- Revisa el filtro — Al inicio de temporada y con regularidad en los meses de uso intensivo, según el manual del equipo.
- Ventila a fondo y poco rato — Ventana abierta del todo unos minutos, mejor por la mañana temprano y de noche.
- Bebe con horario — En una sala climatizada la sed llega tarde, así que asocia beber a momentos fijos del día.
Cuándo consultar
Llama al 112 ante la sospecha de golpe de calor: confusión, desorientación, pérdida de conciencia o piel muy caliente. Acude a tu centro de salud si tienes fiebre alta, dolor en el pecho, dificultad para respirar o síntomas que empeoran en lugar de mejorar, y también si el malestar persiste después de haber corregido filtro, ventilación e hidratación.
Este artículo tiene fines informativos generales y no sustituye una consulta médica.
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