Candidiasis vaginal: qué aumenta el riesgo y qué no
El azúcar de la dieta no figura entre las causas de la candidiasis vaginal. Qué factores sí influyen, qué remedios no sirven y cuándo hay que consultar.

Ante una candidiasis vaginal que se repite, el consejo más frecuente es quitar el azúcar. Conviene contrastarlo con la información de MedlinePlus, el servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos: en la lista de situaciones que favorecen la infección aparecen los antibióticos, el embarazo, la obesidad, la diabetes y los medicamentos o enfermedades que debilitan el sistema inmunitario. El azúcar de la dieta no está. Y hay un dato que cambia el enfoque por completo: tener muchas infecciones por cándida puede ser señal de otros problemas de salud.
Qué favorece realmente la infección
La cándida es un hongo común que se encuentra en pequeñas cantidades en la vagina, la boca, el tubo digestivo y la piel, y la mayoría de las veces no ocasiona ningún síntoma. Convive en equilibrio con otros microorganismos, y la candidiasis aparece cuando ese equilibrio se rompe. Los antibióticos lo hacen de forma directa, porque cambian el equilibrio normal entre los microorganismos de la vagina. El embarazo y la diabetes actúan por otra vía. Y la candidiasis no se disemina a través del contacto sexual, aunque algunos hombres pueden presentar picor, erupción o irritación en el pene tras el contacto con una pareja infectada.
El error más caro: dar por hecho que es cándida
Otras infecciones y flujos vaginales se pueden confundir con una candidiasis vaginal, y ese es el motivo por el que la automedicación tiene límites claros. Tratarse en casa es razonable solo si se cumplen todas estas condiciones: los síntomas son leves y no hay dolor pélvico ni fiebre, no es la primera candidiasis y no se han tenido muchas en el pasado, no hay embarazo y no hay preocupación por una infección de transmisión sexual tras un contacto reciente. Si falta alguna de ellas, toca consultar antes de comprar nada.
Higiene: menos es más
Las recomendaciones para prevenir y tratar el flujo van en una sola dirección. Mantener la zona genital limpia y seca, evitar el jabón y enjuagar solo con agua, y evitar las duchas vaginales: aunque muchas mujeres se sienten más limpias después de una ducha vaginal, en realidad empeora el flujo, porque elimina las bacterias sanas que recubren la vagina y la protegen contra las infecciones. Tampoco conviene usar aerosoles, fragancias o polvos de higiene femenina. Un baño tibio, no caliente, puede aliviar los síntomas.
Ropa, humedad y azúcar en sangre
Evitar los pantalones muy apretados, que causan irritación y sudoración, y elegir ropa interior de algodón o medias con entrepierna de algodón en lugar de seda o nailon, que aumentan la sudoración. Cambiarse cuanto antes del bañador mojado o de la ropa de deporte sudada, y lavarla después de cada uso. Y si hay diabetes, mantener un buen control del nivel de azúcar en sangre — que es una cosa distinta de eliminar los postres, y bastante más eficaz.
Qué se compra con receta en España
Aquí conviene ser preciso, porque la situación española no coincide con lo que se lee en artículos traducidos del inglés. En Estados Unidos las cremas, óvulos y comprimidos de miconazol, clotrimazol, tioconazol o butoconazol se venden sin receta. En España, en cambio, las presentaciones vaginales de clotrimazol comercializadas figuran en el registro de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios como medicamentos sujetos a prescripción médica, y lo mismo ocurre con todas las cápsulas de fluconazol de 150 mg. En la práctica, eso significa pasar por la consulta antes que por el mostrador.
Si vuelve una y otra vez
Cuando los síntomas son más intensos o la candidiasis es frecuente, el tratamiento cambia de forma: puede ser necesario prolongarlo hasta catorce días, o usar una crema vaginal con azol o un comprimido de fluconazol semanal para prevenir nuevas infecciones. Además, una mujer puede tener diabetes o un sistema inmunitario debilitado sin saberlo, y debe consultar sobre la conveniencia de hacerse pruebas si la infección reaparece justo después del tratamiento o si no responde bien a él.
Cómo se diagnostica
El proceso es sencillo y explica por qué merece la pena. El profesional realiza una exploración pélvica, que puede revelar hinchazón y enrojecimiento de la piel de la vulva, la vagina y el cuello uterino, manchas blancas y secas en la pared vaginal, o fisuras en la piel de la vulva. Después se examina una pequeña cantidad de flujo al microscopio, en lo que se conoce como preparación en fresco y examen con hidróxido de potasio. Cuando la infección no mejora con el tratamiento o reaparece muchas veces, se toma además un cultivo, y se pueden pedir otras pruebas para buscar causas distintas de los mismos síntomas.
Qué síntomas encajan y cuáles no
Los síntomas típicos son un flujo vaginal anormal, que puede ir de una secreción blanca ligeramente acuosa a un flujo blanco espeso y abundante parecido al requesón, junto con ardor y picor en los labios y en la vagina, relaciones sexuales dolorosas, micción dolorosa y enrojecimiento e inflamación de la piel justo por fuera de la vagina. Lo que no encaja es un flujo con color u olor llamativos, y ahí conviene no asumir nada.
Cuándo consultar
Hay que contactar con un profesional sanitario si es la primera vez que aparecen los síntomas, si no hay certeza de que sea una candidiasis, si los síntomas no desaparecen con un tratamiento de venta libre o empeoran, si aparecen otros síntomas, o si ha podido haber exposición a una infección de transmisión sexual. El rascado intenso puede agrietar la piel y aumentar la probabilidad de una infección cutánea, así que aguantar tampoco es una opción. Este artículo tiene fines informativos generales y no sustituye una consulta médica.
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