¿Ves Halos de Luz por la Noche? Ojo con el Azúcar, los Fritos y el Móvil
Halos alrededor de las luces y ojos secos no siempre son solo cosa de la edad. Esto dice la ciencia sobre azúcar, fritos y el móvil a oscuras.

Una visión que se vuelve borrosa, halos alrededor de las farolas o los faros de los coches por la noche, una visión nocturna cada vez peor y ojos que escuecen y se secan no son siempre, sin más, el precio de cumplir años. El cristalino y la mácula, la zona central de la retina responsable de la visión fina, son tejidos especialmente sensibles al estrés oxidativo, y ciertos hábitos cotidianos pueden acelerar este proceso mucho antes de lo esperado.
Azúcar y glicación: el camino hacia las cataratas
Cuando se consumen con frecuencia bebidas azucaradas, dulces o bollería, la glucosa en sangre sube con rapidez y favorece la glicación, un proceso por el que el azúcar se une de forma permanente a las proteínas del organismo formando los llamados productos de glicación avanzada, o AGEs. En el cristalino, estos compuestos alteran las proteínas estructurales y favorecen su opacidad, un mecanismo relacionado directamente con la formación de cataratas. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha alertado sobre el consumo elevado de bebidas azucaradas y su relación con distintas enfermedades crónicas, y las personas con diabetes, que conviven con niveles de glucosa elevados de forma sostenida, desarrollan cataratas con más frecuencia y a edades más tempranas, una señal de que el exceso de azúcar pasa factura al ojo también sin diagnóstico de diabetes de por medio.

Fritos, ultraprocesados y degeneración macular avanzada
Los aceites recalentados varias veces, como ocurre al freír, generan grasas oxidadas que alimentan procesos inflamatorios en los vasos sanguíneos, incluidos los diminutos capilares que nutren la retina. Estudios de seguimiento a largo plazo han encontrado que las personas con una dieta rica en fritos, carne procesada y cereales refinados presentan un riesgo notablemente más alto de desarrollar la forma avanzada de la degeneración macular asociada a la edad, frente a quienes siguen una dieta mediterránea rica en verduras, fruta y pescado. Los alimentos ultraprocesados en general también se han relacionado con una peor salud ocular, y varios oftalmólogos españoles recomiendan precisamente la dieta mediterránea como una de las medidas más respaldadas para cuidar la vista con la edad.

El móvil en la oscuridad y el ojo seco
Mirar el móvil a oscuras, sobre todo en la cama antes de dormir, también pasa factura. En España, el ojo seco afecta a unos cinco millones de personas, y el uso de pantallas es uno de los factores que más contribuye a ello: lo normal es parpadear entre 15 y 20 veces por minuto, pero delante de una pantalla esa cifra puede caer hasta apenas 5 veces por minuto. Parpadear menos deja la superficie del ojo más expuesta, la película lagrimal se renueva peor y aparecen la sequedad, el picor y la sensación de arenilla. Hacerlo en una habitación a oscuras añade un esfuerzo extra para la pupila por el fuerte contraste entre la pantalla luminosa y el entorno oscuro, lo que aumenta la fatiga visual.

Lo que realmente ayuda
- Más verduras de hoja verde oscura — Las espinacas y la col rizada aportan luteína y zeaxantina, los dos carotenoides que forman el pigmento protector de la mácula y ayudan a frenar el estrés oxidativo en la retina.
- Pescado azul en vez de fritos — El salmón, la caballa y las sardinas son ricos en omega-3, unas grasas que ayudan a reducir la inflamación ocular y se asocian a un menor riesgo de progresión de la degeneración macular.
- La regla del 20-20-20 — Cada 20 minutos de pantalla, mirar durante 20 segundos un punto situado a unos 6 metros de distancia ayuda a recuperar el ritmo natural de parpadeo y a estabilizar la película lagrimal.
En resumen
Los halos de luz, la peor visión nocturna y los ojos secos no deberían achacarse siempre solo a la edad. El azúcar, los fritos y el móvil en la oscuridad actúan sobre los mismos procesos—glicación, estrés oxidativo e inestabilidad de la lágrima—y por eso abordar los tres a la vez, con más verduras de hoja verde, pescado azul y la regla del 20-20-20, puede marcar una diferencia real. Este artículo tiene un fin puramente informativo y no sustituye una consulta oftalmológica: si los síntomas persisten, conviene acudir a un especialista.
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